
Querida Emmita:
Vienen a mi memoria recuerdos salteados en el tiempo que, siendo distantes, se hacen intemporales. Son como retazos de un periodo que aún se mantiene vivo, luminoso …. Qué increíble ¿verdad?, ¡qué raro que se hallen todavía vigentes en mi mirada abstraída! . Es un giro lento el de esas imágenes, ora fijas, ora sueltas, que quizá no se correspondan con las que guardas tú, amiga mía. Hemos recogido percepciones diferentes y les hemos dado cada una su apariencia. Cada cual ha escogido sus pequeños recuerdos y los ha instalado en su maleta de viaje. Me gustaría que tú me contaras nuestra historia, a tu manera, desde la cara que le da tu prisma para formar así entre las dos una nueva obra. Hoy estoy por la labor de hurgar en mi cabeza y sacar aquella etapa de felicidad que me colmó o tal vez nos colmó.
Rememoro y los acontecimientos pasados reviven con fulgor en mis ojos, y mis pupilas se agrandan a esta hora de la madrugada y evoco con añoranza aquellas luchas que manteníamos por el liderazgo, en las que yo casi siempre acababa perdiendo la batalla. Jugábamos siempre en tu terreno, en tu castillo, pero era sobre todo tu escaramuza a la que yo me apuntaba, como si de un juego se tratara, y trasteábamos entonces, a ver quien redactaba mejor . Yo intentaba que cuadrase en mi texto la palabra recién descubierta, cuyo significado tan solo intuía y tu familia, por deferencia, me premiaba con elogios, mas alababan tu labor por el mérito añadido, la diferencia de edad, que sabemos es de dos años.
¿Recuerdas Emma las mezclas en la trastienda de tu casa? ¿qué subida de adrenalina nos producía?. Nos creíamos trabajando en un laboratorio. ¿Evocas aquella mezcla de olores, de licores, con refrescos variados en aquella estancia húmeda y fría dónde obtener el color morado era toda una proeza ya que había que buscarlo al final del almacén, en el pitorro del barril del fondo, que le daba ese toque de peligro tan especial, porque era lo realmente prohibido.?
No quiero acordarme de la sesión de fotos, aquella tarde lluviosa, en la que yo hice de modelo, con la mayor ilusión. Fueron por lo menos dos horas las que estuve posando tal y como tú ordenabas, en el piso de tu casa, más concretamente, en la habitación de tus padres y el premio final ¿cual fue? – que no había carrete en la cámara. Y tú te quedaste tan ancha, porque evidentemente lo sabías de antemano.
Veo en mi mente a la pandilla formada por niños y niñas, casi todos ellos familiares entre si. Vivíamos todos en el mismo entorno. Mas ellos decidieron montar un club al que no pudimos pertenecer ni tú ni yo. No sabíamos por qué, hasta que pusieron una excusa y llegó a nuestros oídos: – que todavía teníamos la letra grande. Que chaparrón tan humillante!.
A pesar de esa falta, al final participábamos las dos de los juegos de todos, y hacíamos teatro en el sótano de Pura, marionetas en la farmacia, cruzábamos el puente a través del río valiéndonos de piedras que hacían de islotes para nuestros pies firmes.
Ah!!!. Y … llegaron Marieta y sus hermanas que venían de Coruña a visitar a su tía Lita y que traían todas las novedades propias de las que ya tienen mucho camino recorrido. Descubrimos muchos misterios, secretos de parejas, supimos lo que era la menstruación, el acto de amor, aunque nos sonase un poco a chino. A tí te lo contábamos todo a cuentagotas hasta que al final yo ya no podía más y secretamente te relataba todo, desde el principio hasta al fin. Todo ello porque tú eras muy viva y sabías hacerme cantar muy sabiamente. Yo siempre tan inocente como tú.
Aún así jugábamos todavía a las casitas, aunque sin muñecas, en la tienda y en el comercio. Eran las compra-ventas ilusorias. Después me enteré que tu jugabas con ellas en secreto. No me extraña porque yo por eso si que no pasaba. No me gustaban. Prefería jugar al pañuelo o con los artilugios modernos de Paola y Marta cuyo nombre desconozco hoy, o al escondite por todo el pueblo a partir de las diez de la noche cuando llegaba la oscuridad. Niños contra niñas. Y qué decir de la bienvenida a los trillizos alemanes que llenaban aún más de color nuestros días felices!. Y de los veranos con la esperada Mónica que venía de Barcelona!
Nos divertíamos mucho haciendo pis en el balcón de Fonsi porque hacíamos disparar el chorro a una altura superior a nuestras cabezas, por encima de la barandilla. Era un invento de ella que nosotros aplaudíamos imitándola. También nos agradaba jugar en la acera a las estatuas.
Teníamos a nuestro favor todo el poder de la imaginación. Aún así, lo realmente inquietante, vivido con la máxima realidad, con el mayor estado de emoción, era el intentar vencer el miedo en el juego de los terremotos. La aventura tenía lugar en el desván de la abuela de Mónica. Aquellas vivencias se me hacen imprescindibles por ser imposibles de olvido. Porque eran de fuerte atracción para nosotros. Dios mío!, aquél nuestro pequeño mundo! con olor a manzana madura y aquellos confortables colchones al suelo. Las manos en la cabeza en el limitado espacio de techo bajo, y con los movimientos constantes, resultado de nuestra portentosa y prodigiosa fantasía.
Dichosos días en contacto total con la naturaleza. Recorríamos angostos y serpenteantes caminos monte abajo, como verdaderas correcaminos o hacíamos girar nuestro cuerpo en posición horizontal por nuestro lugar secreto, tan solo un prado lleno de helechos. La diversión … aplastarlos y disfrutar del movimiento casi continuo y mareante. En fin… trivialidades pueriles. Nos servíamos gozosamente de la huerta de la casa de Pura llena de árboles, y trepábamos a los troncos descansando en las anchas ramas, las cuales se inclinaban vigorosas hacia el suelo sin rozarlo, y se transformaban en nuestros majestuosos yates, y el campo verde era el ancho mar. Cruceros imaginarios e inolvidables que siempre superarán a los reales
Ranas y lagartijas también formaban parte de nuestra vida cotidiana como mascotas salvajes que recogíamos en antiguos lavaderos públicos. Pájaros heridos que se morían en nuestras manos por exceso de comida. Todo esto y mucho más que ya no voy a enumerar porque no quiero ser cargante.
Y pudo ser que tomáramos caminos diferentes, que nuestra amistad de antaño se quedara en una nebulosa ensoñación y que no hubiera ya presente común, pero da la casualidad de que seguimos siendo amigas y compartimos este año 2010 con la madurez de los cuarenta y… Gracias te doy, por permanecer en mi mundo, por leerme y por permitirme publicar esta misiva.
Un abrazo,
Ana