
La imagen que de Charlotte Brönte ha llegado hasta nosotros no es la de una persona ajena a los aconteceres de su época y aislada del mundo, sino la de una mujer defensora de sus derechos y contraria a la sumisión, con un individualismo enérgico y rebelde.
Dos aspectos destacables en esta obra: la lucha por la propia identidad y la independencia de Jane y, como consecuencia de ésta, la lucha por la igualdad en varios niveles.
Jane Eyre muestra su espíritu rebelde desafiando y frustrando la ira del Señor Rochester…
A continuación un extracto del libro:
“Y así lo hice. El señor Rochester, leyendo en mi semblante, se dio cuenta. Se enfureció al máximo: debía ceder un momento a la ira, pasara lo que pasara después; cruzó la habitación, me cogió del brazo y me agarró de la cintura. Parecía devorarme con su mirada encendida. En ese momento, me sentí físicamente tan indefensa como la paja expuesta al tiro de una caldera; mentalmente, aún era dueña de mi alma y, por lo tanto, de la salvación final. El alma, por fortuna, tiene un intérprete, a menudo inconsciente pero siempre fiel, en los ojos. Alcé mis ojos a los suyos y, mirándole al rostro ardiente, se me escapó un suspiro involuntario; su mano me hacía daño y mi fuerza estaba casi agotada.
-Nunca-dijo, apretando los dientes-, nunca ha habido nada tan frágil e indomable al mismo tiempo. ¡Si parece un junco en mi mano!- y me sacudió con la fuerza de sus brazos-. Podría doblarla con el dedo y el pulgar, ¿pero de qué me serviría doblarla, romperla, aplastarla? Piensa en esos ojos, en el ser resuelto, feroz y libre que mira por ellos, desafiándome con algo más de valor: con un triunfo inflexible. Haga lo que haga con la jaula, ¡no puedo alcanzar la criatura salvaje y bella de dentro! Si rompo la débil prisión, mi cólera sólo dejara en libertad a la cautiva: podría conquistar la casa, pero su ocupante se escaparía al cielo antes de poseer yo su morada de barro. Y es a ti, espíritu, con tu voluntad y tu energía, tu virtud y tu pureza, es a ti a quien quiero, no sólo a tu débil cuerpo. Por ti misma, podrías acudir volando para anidar contra mi corazón, si quisieras. Tomada contra tu voluntad, te escaparás de mis brazos como una esencia, te esfumarás antes de que aspire tu fragancia. ¡Ven, Jane, ven!”